Hay personas que permanecen. En una imagen, en una forma de mirar el mundo, en las palabras que dejaron sembradas en otros y otras. Liliana Guillot fue una de ellas.
Su mirada, profundamente atravesada por la memoria, los derechos humanos y el compromiso social, encontró en el cine una manera de interpelar el presente y de construir relatos capaces de transformar el dolor en memoria colectiva. Como docente, realizadora e investigadora, dedicó gran parte de su vida a formar nuevas generaciones desde una perspectiva ética, sensible y profundamente humana.
Licenciada en Cinematografía por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Guillot fue una de las impulsoras de la Licenciatura en Diseño y Producción Audiovisual de la Universidad Nacional de Villa María. Desde los inicios de la carrera integró el cuerpo docente, dictando espacios curriculares como Diseño y Producción Audiovisual IV, Guion II y los seminarios Ficción en Televisión y Análisis Narrativo de Series Dramáticas.
La comunidad de Humanas UNVM despide con profundo pesar a la docente jubilada y referente del campo audiovisual, quien falleció recientemente en la ciudad de Córdoba, dejando una huella profunda en generaciones de estudiantes, colegas, artistas y realizadores/as.
Su colega y amiga, la docente Gabriela Redondo, recordó recientemente a Liliana durante el acto realizado en la Legislatura de Córdoba, donde Guillot recibió un reconocimiento por su trayectoria y compromiso a 50 años del golpe de Estado. Allí, al momento de recibir la placa conmemorativa, Redondo expresó unas palabras que hoy cobran una dimensión aún más profunda.
“Liliana Guillot es una cineasta y docente cuya obra entrelaza indisolublemente el lenguaje audiovisual con la urgencia de la memoria histórica”, señaló. Y agregó: “Su legado se manifiesta en piezas fundamentales que integran el patrimonio audiovisual de Córdoba y el país, consolidándola como una referente ineludible en la construcción de relatos que transforman el dolor en herramienta de lucha y reparación colectiva”.
Sobreviviente del centro clandestino de detención D2 durante la última dictadura cívico-militar, Liliana construyó una trayectoria artística y académica profundamente atravesada por las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Su obra -documental, ficcional, interactiva y performática- buscó siempre interpelar el presente desde una mirada ética y sensible.
En 2021 recibió la distinción Tato Pavlovsky, otorgada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en reconocimiento a su compromiso sostenido con la memoria histórica. En aquella oportunidad expresó que ese reconocimiento representaba “toda una vida de pelear contra el olvido”.
Además de su producción artística y docente, Liliana promovió activamente la participación de mujeres en roles de dirección, guion y realización audiovisual, alentando a sus estudiantes a ocupar espacios históricamente relegados dentro de la industria cinematográfica. Entendía al cine no solo como expresión artística, sino también como herramienta política y transformadora.
Desde el Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Humanas expresaron: “Con profundo pesar despedimos a Liliana Guillot, docente jubilada de nuestro Instituto, cuya partida deja una huella imborrable en la comunidad de la UNVM”.
En un texto escrito desde la amistad y el dolor, Gabriela compartió unas palabras que hoy abrazan también a quienes la conocieron y compartieron con ella aulas, proyectos y memorias:
“¿A dónde se van los muertos? ¿A otro plano, al cielo, a reencarnar, a volverse energía? O quizás permanecen en la memoria de quienes los amaron: en una canción, una costumbre, una frase repetida… quizás no se van del todo.
Quizás cambian de lugar…Del cuerpo al recuerdo.
De la presencia al eco.
Del tiempo compartido a la huella.A veces, cuando alguien falta, uno descubre que sigue conversando con esa persona de maneras extrañas: en sueños, en objetos, en gestos propios que antes eran ajenos. Tal vez ahí habiten también los muertos”.
Y quizás sea allí donde permanezca Liliana: en las memorias que ayudó a construir, en las imágenes que enseñó a mirar y en cada historia que entendió al arte como una forma de transformar el mundo.