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La Licenciada y docente del Profesorado y la Licenciatura en Lengua y Literatura del Instituto A.P. de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Villa María, Miriam Luján Divito, acaba de concluir su etapa como docente y dialogamos con ella para conocer más de cerca su vínculo con la UNVM y su valoración de la experiencia en la educación universitaria pública y gratuita.

¿Cómo vas a recordar tu paso por la UNVM?
Mi paso por la Universidad Nacional de Villa María tiene que ver directamente con la historia de esta universidad. Debo ser una de las últimas docentes de la primera camada de soñadores que apostamos a que este proyecto de crearla iba a ser clave para el desarrollo de la localidad como polo de conocimiento de nivel universitario, con el valor que implica la educación pública y gratuita.

Cientos de anécdotas y recuerdos a lo largo de 30 años vienen a mi memoria. De muchas luces y algunas sombras, las que toda institución debe transitar a lo largo de su propio crecimiento. De honra a la memoria de todos los que han hecho tanto, con reconocimiento público algunos y muchos silenciosamente.

¿Qué es lo más valioso que te dio ser docente del sistema universitario público y gratuito de nuestro país?
Es legado e identidad recordar a los que ya no estamos físicamente en las aulas, y que, con tanto entusiasmo y energía inclaudicable, hemos colaborado desde todos los ámbitos para instalar esta universidad en la identidad local, regional, nacional, con proyección también internacional. Porque educar y desear conocer es un viaje de ida, que se transita como un proceso de transformación humana, más allá de todos los obstáculos que se presenten. Y ahí reside el desafío para los que están y toman legítimamente la posta.

La posibilidad de tener históricamente un equipo de dos pares, conservado a lo largo de un cuarto de siglo, es un lujo que me llevo también como mi tránsito más preciado en este larga historia. La de los valores de la docencia decente. El reconocimiento del legado a lo largo de tantos años. El agradecimiento a la pasión.

Y también mi reconocimiento a todos los miembros de la institución: las autoridades, que siempre me han contenido, el interés del alumnado, los administrativos, bedeles, y todo el resto de la gente que forma parte de esta maravillosa institución. Y al Rector, persona que ha sabido tener presencia en momentos claves.

¿Cuál considerás que es el valor y/o aporte que tienen ambas carreras de Lengua y Literatura de nuestro Instituto de Humanas en el desarrollo de la región?
Como reflexión personal, mi profesión fue, es y será vocación de servicio. Si bien he publicado artículos y libros y he hecho extensión, el aula es mi ámbito natural, el intercambio con los alumnos al calor de las clases. Es parte de mi identidad, de mi persona y de mi misión: despertar la pasión con la presencia activa por las letras y por las artes, por ampliar los horizontes de la realidad atravesando generaciones. Con una visión universal se expande la percepción de nuestro entorno personal y regional. En tiempos de vértigo, leer o apreciar una obra de arte requiere escucha activa. Leer es tiempo para acceder al «mundo de los otros», con la extrañeza e incomodidad que genera la distancia en el espacio, en el tiempo y aún en la lengua. Permite entrar en diálogo con nuestro propio entorno con una visión mucho más enriquecida. Para entender como nuestro microcosmos está en sintonía con un macrocosmos del que formamos parte.

La uni de Villa María fue un universo más que laboral: es un sitio de pertenencia. De todos los que han pasado por mi vida académica he aprendido para la vida y para la profesión, más allá de situaciones placenteras y no tanto.

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